By Eda Sofia

Bali, La Tierra de los Dioses


Bali; lo digo en voz alta y vuelvo a emocionarme. El sonido de su nombre despierta en mí el entusiasmo: un sentir de magia, sueños de infancia y posibilidad infinita de travesías surcando campos verdes de arrozales. Bali es una pequeña isla que contiene dentro de sí misma cientos de caminos y opciones para experiencias distintas.

Barong-Bali-EdaSofia-CrossingSoloProbablemente ustedes ya hayan escuchado antes sobre este sitio, mencionado en historias fantásticas de reinados ancestrales o insertado entre románticas anécdotas de viaje. Digo Bali de nuevo y, aun estando aquí, me suena a un sitio de belleza inigualable, a un sitio al que podría parecer casi imposible llegar. Pero hoy en día el mundo es otro y aquí estoy: yo y otro millar de turistas, haciendo casa de un sitio que te acoge con sonrisas y te hace soñar siempre con prolongar la estadía un poco más.

Debo confesar que cuando supe por primera vez que vendría, mientras saltaba por la habitación —en ese entonces en el frío de Lituania— llena de emoción e incredulidad, aún no podía situar a Bali en un mapa. Pero claro, en mi mente era una isla paradisíaca en Asia y eso bastó para hacer maletas y venirme tres meses.

Pero Bali es mucho más que eso; e Indonesia, el país al que pertenece, es el cuarto país más poblado del mundo y el de mayor población musulmana; además de Bali, está constituido por más de 17,507 islas que, aun saltando diariamente de una a otra, tardarían más de 47 años en recorrer. Y aquí, en este enorme archipiélago que es Indonesia, se encuentra Bali: esta isla pequeñita en forma de gallina, encajonada entre Java y Lombok, en el archipiélago de la Sonda y que es casi inidentificable en cualquier globo terráqueo de tamaño escolar. Un sitio que ha sobrevivido a todo tipo de invasiones y que permanece, de forma única y peculiar, en un estado de gracia. Bali, en un entorno en donde más de 17,000 islas vivieron una transición religiosa hacia el islam, mantuvo su fe principal en el hinduismo balinés y, por lo mismo, conserva vivos los ritos, las tradiciones, la arquitectura y el arte únicos de esta religión. Con sus poco más de tres millones de habitantes y casi el mismo número de turistas al año, se logró mantener al margen de muchos de los cambios en la nación; mas no al margen del turismo, de la globalización y del curso del tiempo.

Hoy en día, se podría decir que Bali se encuentra en un punto coyuntural: en un estado de sincretismo absoluto. Aquí la transición se está dando más paulatinamente y con una influencia de un sinfín de países distintos, para mí ahí reside su mayor magia. En esta isla no se ha dado el palimpsesto, y las calles —ya con una notable invasión bule (extranjera)— siguen estando salpicadas de templos con labrados complejos, de warungs(pequeños restaurantes) y de niños que, despreocupados, vuelan papalotes gigantes.

Bali es sus arrozales verde eléctrico, sus ríos, sus templos, sus mercados, sus ceremonias y ofrendas colocadas frente a cada casa o en medio de las calles. Y Bali también es sus playas llenas de tablas de surf, sus bares, sus clases de yoga, sus tiendas de diseño y sus pequeñas motocicletas que inundan las calles, así como el McDonald’s que tiene un gran templo a la entrada.

Balinese-EdaSofia

Como contiene dentro de sí muchos universos, esta isla tiene la habilidad de generar desde el sentimiento más extremo de alegría hasta la confusión total. Aquí entro yo: sentada con el peso del sol sobre la piel, en un sitio donde la temperatura promedio es de 30° C todos los días del año, intentando poner en palabras qué de esta isla la hace tan magnética, tan increíblemente maravillosa… y no podré sino decirles que la comida no me cansa, que a la gente la siento cada día más cercana, que sus vistas infinitas me hacen olvidar que extraño casa y que su cultura, su religión, su danza y su música hacen de cada día una celebración constante.

Esto sí es el paraíso que han imaginado, pero no de la misma forma: mucho más rico, más confuso, misterioso, complejo y mágico. Bali es un universo de una índole completamente diferente a lo que conocemos y el pasar en esta tierra unos días de vacaciones es aventurarse a cambiar su concepción del mundo, de sí mismos.

Además de sus encantos, también existe la ciudad impenetrable de tráfico —Denpasar—, con mercados y edificios a medio derruir, a la que como turista no entras nunca; existe la zona de antros, suvenires y bares —Legian y Kuta—, llena de australianos y turistas que vienen exclusivamente a divertirse, es todo un mundo de vericuetos y reglas propias que me mantienen al margen y que, si me lo permiten y vienen con poco tiempo, les recomiendo saltarse. Pero lejos de las grandes calles y de las zonas más comerciales que poco a poco, nosotros, los mismos turistas huyendo de ellas hemos traído hasta acá, está el Bali que cambia cada día y se mantiene vivo.

La principal magia de este sitio reside —como casi siempre— en su gente y en la cultura local; la forma en que se ha ido entretejiendo entre detalles occidentales, hace del turismo y de la vida un deleite de novedades salpicado por comodidades de casa. Podrán recorrer calles donde los templos se mezclan con la arquitectura local, caminos verdes que se convertirán en selva —Ubud— o llegarán al mar o a las montañas —Agung y Batur—, playas llenas de corales de colores —Ahmed— y hasta podrán bucear entorno a un naufragio —Tulamben—.

En Bali el mundo surgió del cuerpo de un dios y así los grupos sociales, los pueblos, las casas, las calles, los barrios y las construcciones están mapeados de forma que exista una cabeza, un centro y unos pies. Cada templo está dividido de la misma forma y las ofrendas se colocan en las tres partes, porque se debe honrar a todos los dioses: cada uno cumple un propósito y mantiene el orden: Dharma.

Aquí el norte y el sur han cambiado de dirección y se ajustan a las creencias; el norte —Kaya— no es nuestro norte, sino la parte más cercana a Dios y a la montaña sagrada Gunung Agung. El sur —Kelod— es lo más lejano y por consiguiente el mar, que aquí rodea todo. De este modo, la cabeza de la casa —el templo— siempre debe ir hacia el norte y los pies —donde están los animales o la basura—, hacia el mar; por lo mismo, no es raro que la parte más sagrada de una casa coincida con la más “sucia” de la del vecino, y no importa hacia qué dirección vayas, si vas al mar, vas rumbo al sur. ¡Qué belleza!, ¿no? Las direcciones mudan contigo, con la posición en la que estés.

BalineseDancers-EdaSofia-Crosingsolo

Aquí todos los días son de ceremonia y de agradecimiento; los habitantes se rigen por un calendario propio y complicadísimo que especifica lo que se debe y no se debe hacer según el día. El dinero mejor gastado es en artículos para las ceremonias, que a los pocos minutos de ser ofrecidos pierden su valor y se queman o se tiran: el desprendimiento toma un significado completamente distinto.

Les deseo que vengan a disfrutar del tiempo de hule —jam karet—, que se ajusta a las necesidades sociales de cada persona, y a experimentar este sitio lleno de mezclas y contradicciones: entre dos templos, tiendas de marcas de lujo; al lado de una tienda muy pobre, un retiro que promete la iluminación cuasi instantánea; los restaurantes de lujo, los bares con vista al mar y el arroz frito en la calle. No estoy de parte alguna: prueben, prueben, prueben.

Se me acaban las palabras —literalmente— y tengo aún muchas recomendaciones que hacerles… Cada zona es para un gusto distinto, pero todas tienen su encanto. Seminyak, para las tiendas de renombre, los bares de lujo y los restaurantes elegantes; Canggu, para la vida más tranquila, aquí viven la mayor parte de extranjeros que han cambiado su dirección a este país; Kuta, para la fiesta; Ubud, para la cultura y el yoga; la península de Bukit, para el surf y las playas que han imaginado siempre; y todos los pueblitos perdidos alrededor, para conocer gente hermosa, probar comida local, tomar fotografías y visitar templos perdidos.

El transporte es un tema engañoso: el transporte público es inexistente, por lo mismo, las opciones que quedan son: taxi, chofer o motocicleta. Si se sienten a la altura de la aventura, rentar una motoneta es sin duda lo mejor que pueden hacer; es barato, fácil y la mejor manera de conocer la isla, de saltarse el tráfico y de ir adonde quieran y cuando quieran, siempre con la debida precaución de una ciudad asiática llena de vehículos motorizados. Los taxis en Bali son muy seguros, la única compañía es BlueBird y los precios son aceptables, pero no son tan fáciles de encontrar como en la Ciudad de México, por lo que para ciertos sitios más alejados, es importante arreglar un servicio privado de chofer, que también se encuentra a precios accesibles y, si preguntan, en cualquier lado.

En este sitio y al venir de turistas mi mayor consejo es que estén abiertos al descubrimiento. Bali y su gente están ampliamente preparados para el turismo y, aunque es importante cotejar precios y tener las precauciones básicas que se tienen en cualquier sitio, la mayor parte de las cosas se puede resolver fácilmente estando aquí y hasta la persona que menos te lo esperas habla un poco de inglés.

Con respecto al hospedaje, creo que no me equivoco si digo que las opciones son innumerables; aun así, si vienen en temporada alta —julio, agosto— les recomiendo buscar con antelación. Las ofertas varían desde millares de posadas de buena calidad con cuartos simples y un pequeño baño, hasta hoteles boutique, villas espléndidas, albergues comunales, cadenas gigantes, pequeñas casas y hoteles con vistas panorámicas a las montañas del norte. Los precios van de 25 USD promedio por un cuarto doble con baño propio y AC en una buena ubicación, hasta lugares de 500 o varios miles de dólares la noche: casas u hoteles con vistas espectaculares. Las páginas y los buscadores no se dan abasto, así que tengan confianza y dedíquenle un ratito a la elección. Pero si vienen en temporada baja permítanse la libertad de cambiar y probar varios sitios distintos.

RicePaddies-EdaSofia-CrossingSolo

Les quiero hablar de comida y me vuelve a dar hambre. Les recomendaré sitios que, sin duda, los dejarán con el corazón contento; sin embargo, en este, como en ningún otro tema, la recomendación máxima es: prueben de todo. Mis sitios son: Single Fin; un restaurante bar que sobrevuela la playa de Uluwatu en la península de Bukit y que, además de tener una vista espectacular, es el surf spot por excelencia; los domingos hay fiesta, al igual que en Deus, en Canggu, una casa grande rodeada de arrozales que predica un lifestyle único de motociclistas y que por las noches se enciende con música en vivo. Para unas copas románticas y la mejor vista del mar del sur está El Kabron, un restaurante español que sobrevuela el mar con un pequeña piscina infinita. Váyanse de copas al club de playa Potato Head, situado cerca de la zona comercial de Seminyak, o a una cena a pie de playa en el hotel Ku De Ta en la misma zona. Para comidas más simples, pero no por ello menos exquisitas, les recomiendo el Warung Varuna, en Batu Bolong, que sirve comida local con una presentación y una calidad que se ajustan perfectamente al turista. Y si están cerca de Ubud visiten las terrazas de arroz de Tegalalang, donde en cualquier pequeño café comerán bien y, sobre todo, tendrán una de las vistas más sorprendentes de los arrozales.

Por casi último y por nada menos importante: no se vayan de Bali sin hacerse un buen masaje. Son muy baratos —como casi todo por aquí— y en la mayor parte de los sitios, muy buenos.

Sale el sol como todos los días, pero ahora está un poco más fresco porque se acerca julio. Son las 6:30 de la mañana, la mejor hora para estar fuera, no quema el sol y la isla está despertando, aún no hay tráfico, pero las playas están ya llenas de surfistas que esperan cazar las mejores olas. Los mercados se abren vistiéndose de colores y los niños salen de casa vestidos de beige y café para ir a la escuela. Salgo de casa temprano y voy a dar una vuelta al mar a ver cómo están las olas, a pesar de que yo, tristemente, no practico surf. Después, como un poco de fruta en Rojo’s, un café cerca de Brawa, o si tengo antojo de un capuchino, me voy a Hungry Bird, a dos cuadras de aquí. Hoy es sábado, pero eso poco cambia un sitio en donde los 365 días del año es temporada turística. Enciendo la motoneta, que se ha convertido en una extensión de mi cuerpo, y paso por el atajo que corta de las terrazas de arroz hacia la otra playa para buscar un poco de pan de una nueva panadería francesa —Monseiur Spoon—. A las diez de la mañana ya el sol es muy fuerte, por lo que paso buscando sombra, lo que hago sobre la moto con el viento en la cara o en algún café conociendo gente; a veces, pasando por un templo o una calle hermosa. A media tarde voy al warung de Sarah, un local de bambú a la orilla de la carretera, en donde como un gado-gado delicioso —ensalada de verduras cocidas con arroz y salsa de cacahuate— y un agua de naranja. Después iré a casa a escribir o a estar con los amigos que vuelven de surfear. En la noche hay muchas opciones para ir a cenar, dependiendo de los presupuestos, la zona y el apetito del día. Hoy probablemente cenemos en Grage, un restaurante internacional que está en una callecita sobre la calle Brawa y que es el jardín trasero de la casa de un señor holandés y su esposa indonesia, ellos están ahí diario y cocinan.

En Bali, los días que hace viento —como hoy— hay que voltear al cielo, porque estará salpicado por cientos de papalotes de tamaños y colores distintos. Aquí, el karma funciona distinto y la gente confía en que las cosas son como deben ser; el cambio es natural y cada quien saldará sus cuentas a su propio tiempo; así, esta isla salpicada de ofrendas, se mantiene abierta al cambio y recibe día con día a cientos de turistas entusiasmados con pisar su tierra.

¿Cómo hacer que lo entiendan, que lo vean todo? Bali, quizá Indonesia toda, es aún un sitio tan magnético que, pensando en su propia tierra, tiene una palabra designada para decir “volver a casa”: pulang. Me gustaría poder describirles el olor del mar y el sabor del arroz frito que como a diario; explicarles cómo cada día me siento un centímetro menos extranjera; describirles lo complicado de las calles; hablarles de ellos: de esta gente que hace de una isla cualquiera uno de los lugares más bellos sobre la Tierra.

Quizá si pudieran escuchar cómo suenan las risas de los niños por la calle, saborear el nasi campur y sentir la sal del mar aglutinándose en los vellos de sus brazos; quizá si escucharan la música de gamelán por las calles y vieran los adornos hechos con hojas de palma que cuelgan sobre las veredas… quizá si les digo a gritos aku bahagia, berbahagia entonces entiendan todo; porque aquí se inventó esa frase para decir que uno es más que feliz, que se es feliz de corazón: feliz del alma.

~EdaSofía

Artículo publicado originalmente en HotBook

Si quieres estar al tanto de mis movimientos y mis escritos sígueme en CrossingSolo

Eda Sofia
Eda Sofia
About me

Soy escritora, y confío que si me empeño en repetirlo terminaré por creerlo. Escribo y viajo. Pocas cosas en la vida me dan tanta calma.

YOU MIGHT ALSO LIKE

writing in another tongue
Writing in Another Tongue: For You
July 15, 2018
otono-eda-sofia-crossingsolo
Otoño y Mi Hermano
March 03, 2015
Bali-eda-sofia-crossingsolo
¿Qué Me Significa Vivir En El Exilio? | Living In Exile
February 20, 2015
Justicia-edasofia
Justicia ~Mis Bestias~
January 11, 2015

2 Comments

Michelle
Reply May 26, 2015

Personalmente no tengo el gusto de conocer Bali, pero luego de leer este artículo una parte de mí siente como si ya hubiese estado ahí. Por el lapso de unos minutos me transporté a ese lugar de ensueño que describes. Ví sus lugares, conversé con su gente y hasta probé su comida. Un encanto de artículo. Bravo.

    Eda Sofia
    Eda Sofia
    Reply May 27, 2015

    Michelle, gracias por tus comentarios. Me da muchísima alegría que mi escrito te haga sentir y quizá hasta viajar un poco. Yo vuelvo a Bali en unos días; estás siempre invitada a visitar. :)

Leave a comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *